
El otro día, de esos que no tienes muchas opciones para hacer algo, platicaba con mi papá de diversos temas del mundo de hoy en día; no se por que razón salieron a flote los “comics”. Todo lo que me contó me pareció interesante así decidí escribir sobre ello.
Y es que muchos de los programas que existen hoy en día son basados en aquellos libros que eran rentados, vendidos y alquilados.
Ejemplo de ellos es la historieta “Lágrimas, risas y amor” -la cual según mi padre se vendía como pan caliente-, y gracias a ellas existen telenovelas como “Rubí”, “María Isabel” y muchas otras novelas lacrimógenas que los mexicanos día a día observamos en Televisa. (Demostrando de nuevo que no hay imaginación para crear nuevas historias, diferentes, algo innvador que la gente no haya visto o leído).
O como olvidar el grandioso “Memín”, que si bien actualmente no figura en la programación diaria de la televisión fue un clásico en aquellos días.
Y así hay muchos comics, unos más vendidos que otros, pero todos con un mismo final… conmover, divertir, pero sobre tod hacer leer a toda una generación.
Pero ¿Por qué la comparación?
La verdad, cuando me contaba, tuve una sensación de querer vivir aquellos tiempos, donde había una fila de “chiquillos” tratando de leer el nuevo número de memín, y -como dijera mi papá- ver a “los más riquillos” no vivir eso, pues tenían su PESOTE para poder comprar uno para ellos solos.
Porque cuando me contaba sus recuerdos, quería ser esa muchacha que corría hacia el voceador para poder leer “Lágrimas y risas” para entretenerme un rato.
Porque cuando platicaba con migo aquel señor, me pareció verlo como un niño corriendo para comprar su libro.
Porque cuando yo escuchaba el relato, no quise ser yo: aquella que se “aplasta” sola frente al televisor a ver programas “basura”… quise ser una joven de aquellos tiempos.

